La instalación de Ernesto Neto en el espacio de arte que el empresario argentino Alan Faena acaba de inaugurar en Puerto Madero, se ve como una gigantesca telaraña. Una gigantesca telaraña de crochet tejido que arrastra a periodistas, críticos, funcionarios y connaiseurs a un centro de gravedad difuso donde deben sostenerse con fuerza para no caer. Una trampa poderosa del arte contemporáneo. Ernesto Neto dirigió a un grupo de treinta hombres y mujeres que trabajaron a destajo para dejar colgada del techo de la enorme sala (nueve metros de altura) su obra Hipercultura locura en el vértigo del mundo. Diseñó esta escultura interactiva blanda en su taller de Río de Janeiro, y Faena tuvo que emplear todos los medios para traerla a su Art Center, la sala de máquinas reciclada de un viejo molino. Avión, barco y transporte de carga por ruta. Montarla costó cien mil dólares.
Técnico electrónico, astrónomo trunco, Neto es difícilmente clasificable y muy accesible a pesar de su status global (obra comisionada en Tokio, Londres, París y Nueva York). Mientras hablamos bajo sus pasadizos de crochet, me pide silencio para escuchar el soundtrack de la obra. Se trata de un simulacro de olas de mar provocado por la fricción de ciento cincuenta mil pelotitas de plástico. Dice Neto: "En principio me fascina la sonoridad de las palabras. Decir `hipercultura locura` es como si fuera una sola palabra. Esta obra es cultura-locura-escultura-aventura, todo tiene la misma terminación".
Fuente: elpais.com.uy.

























