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MiaYa no es cosas de abuelas. “Hacer punto es el yoga del siglo XXI”, dicen los jóvenes seguidores de este hobby. Algunos quedan a través de internet y, en ocasiones, se convierten en guerrilla ganchillera: intentan humanizar las ciudades cubriendo el espacio público con originales piezas tricotadas. Tejer se ha convertido en una potente tendencia mundial que también triunfa en España.

Cristina es periodista, madrileña, tiene 39 años y su hobby favorito es hacer punto. Explica que la relaja, le divierte mucho, y le gusta, “sobre todo, por la creatividad que exige: tienes que idear nuevos patrones, diseños…inventártelo todo”. Siempre que puede se lleva su labor con ella “porque otra de las cosas buenas que tiene esta tarea es que se puede compaginar con ver la tele, hablar con amigos, incluso estar con ellos en la cafetería tomando café”. Se trata de hacer las reuniones sociales diferentes, explica y “es más divertido aún cuando quedas econ otras personas que hacen lo mismo que tú”. No es difícil encontrarlas, pues en los últimos años los aficionados al punto, ya sea con lana, hilo o ganchillo, se han convertido en legión. Están de moda las manualidades en general: cada vez hay más oferta de cursos y gente joven con interés en hacer costura, bordado, restauración, tapicería, patchwork… Quizá, como cuenta Cristina, es un fenómeno en auge porque “cuando empiezas con la afición, se contagia el gusanillo a los que tienes más cerca y ven que se les da bien”. Pero también está relacionado con la satisfacción que encontramos en realizar cosas con las manos, dar salida y forma a nuestra creatividad.

“El arte cotidiano une, como pocas actividades, la actividad sensorial, perceptiva, cognitiva y emocional. Y da como resultado algo tangible y estético, pone un algo especial en la vida y, de algún modo, en la persona misma”, explica Marián López Fernández Cao, coordinadora del máster en Arteterapia y Educación Artística para la Inclusión Social de la Universidad Complutense de Madrid. Además, según un estudio de la neurocientífica Kelly Lambert, autora de Lifting Depression (Saliendo de la depresión), el movimiento repetitivo de tejer hace que nuestro organismo produzca serotonina, una hormona tranquilizante. Si el resultado nos gusta, se pone en marcha “el circuito de recompensa dirigido por el esfuerzo”, que libera otros químicos euforizantes como la dopamina y endorfinas.

“Es el yoga del siglo XXI, una nueva forma de relajarse”, asegura la valenciana Asunción Chaves, que se reúne con su grupo una vez a la semana para tejer. A pesar de ser una de las más veteranas, está lejos de parecerse a la típica abuela con calceta. Aquí hay quienes tejen para evadirse o por el placer de fabricar algo único que no han comprado. Muchos empiezan también por ahorrar en la compra de ropa, aunque, cuando se aficionan, acaban gastando siempre más dinero. Dicen, además, que tejer en compañía favorece las relaciones y confidencias. “En todos los grupos hay afinidades y a veces compartes poco más que la labor, pero todos nos apoyamos y se crea una intimidad muy especial. Quizás sea por el tacto suave de la lana, que proporciona una sensación agradable”, explica Asunción. Es algo que va más allá del momento en que estas realizando la labor, añade Cristina: “Vas a cualquier sitio y ves a una persona que lleva un jersey que te gusta y le haces una foto con el iPhone, recortas de las revistas cosas que te gustan y pueden servir de idea…”.

Sin duda, este revival no habría sido igual sin Internet, escuela virtual, foro planetario y tablón de anuncios para todo tipo de convocatorias. “Antes, preguntabas a tu abuela; ahora preguntas en la Red”, señala Cristina. Hasta pueden encontrarse vídeos en Youtube sobre cómo se hacen determinados puntos. La web www.raverly.com agrupa a más de 400.000 tejedores de todo el mundo que cuelgan patrones gratuitos, información sobre lanas, libros o fotos para compartir. La mayoría de contenidos están en inglés, pero algunos incluyen la opción de traducción y hay grupos , como “hispanohablantes desmadejadas” que, como su nombre indica, se relacionan en español. Hay otras, como www.tejiendoperu.com, www.roxycraft.com o www.tejemanejes.com. Son lugares de encuentro virtual para grupos que luego se citan para tejer en lugares públicos. También han proliferado los locales especializados como All you knit is love (que significa “todo lo que tejes es amor” jugando con el título de la canción de los Beatles All you need is love “Todo lo que necesitas es amor”) o Duduá, en Barcelona, o el Teté Café Costura, en Madrid. En este último se teje, pero también se cose, se borda o se hace patchwork. Algunos de ellos incluso organizan talleres a la hora de comer para trabajadores estresados de las oficinas cercanas.

La tendencia está en todas partes. Jennifer Aniston hace bufandas, Raquel del Rosario, cantante de El sueño de Morfeo, cose para sí misma, y la extriunfita Beth dedicó todo un disco a su afición a la lana y la costura, Segueix-me el fil (“Sígueme el hilo” en castellano), que presentó en la tienda All you knit is love. No menos importante ha sido la explosión del amigurumi japonés, labores de ganchillo en volumen que permiten confeccionar muñecos, broches y otros complementos divertidos y coloristas de forma rápida. Y es que ya no es tan importante la perfección técnica como la originalidad. El humor, incluso.

Hay quienes han convertido este hobby en una filosofía de vida. De las “quedadas” han surgido grupos que se han unido al movimiento Urban Knitting (punto urbano, en inglés), que intenta humanizar las ciudades cubriendo el espacio público con originales piezas tricotadas. Asunción Chaves participó en el equipo de “guerrilleros ganchilleros” de Valencia que este verano forró los bolardos de la plaza del Negrito transformándolos en payasitos, motivos florales y explosiones de color varias. La artista Magda Sayeg fue la pionera en este tipo de iniciativas. Empezó ampliando la gama cromática de los alrededores de su casa y llegó hasta la Gran Muralla China y el Arco del Triunfo de París.

Las principales razones para enrolarse en un guerrilla de ganchillo es el puro divertimento y el deseo de transformar las ciudades en espacios menos hostiles. “Aquí, en Bilbao, les gusta mucho el hormigón y nosotras ponemos color”, confirma Ana González, diseñadora gráfica de 35 años, licenciada en Bellas Artes, y una de las fundadoras de Urban Knitting Bilbao. Su grupo ganó un concurso de ideas de expresiones urbanas del Ayuntamiento de Bilbao. La cultura oficial está empezando a prestarles atención, pero el movimiento es espontáneo y libre y hay tantas motivaciones como participantes. Santi Carbonell, de Valencia, debutó en este mundillo antes de aprender a tejer, colocando una funda de ganchillo en las banderillas de la estatua de un torero, como protesta antitaurina. “Tengo el convencimiento de que se puede cambiar el sistema, Tejer es un hobby, pero lleva consigo el mensaje de recuperación de los orígenes, del háztelo tú mismo en lugar de comprar y de reducir la velocidad al hacer las cosas”.

¿Y por qué volvemos a tejer precisamente ahora?. Realizar estar tareas yo no son “labores del hogar” no “sólo de mujeres” ni “de abuela”. “Yo defiendo que hacer punto no es una cosa de viejas”, sentencia Maje del Olmo, que acaba de cumplir 33 años y trabaja en una empresa de transporte de camiones en Valencia. La profesora Marián López Fernández Cao, que está a punto de publicar Crear y vivir. Las mujeres y el arte, una subversión posible (Ed.Síntesis), nos da una pista importante: “Pasada una generación o dos de mujeres que no ha sido obligada a realizar labores “propias de su sexo” a las niñas-ni a los niños-, el tejido, el tejer o calcetar se han redescubierto en su valor estético y como un proceso capaz de hacer brotar un espacio de relación, de vincular a una persona con la que teje a su lado”. Así lo plasma la escritora Ann Hood en El círculo del punto (Ed.Booket), su relato autobiográfico que acaba de publicarse en España. Se ha convertido en una novela de culto entre los ganchilleros y narra cómo las reuniones para hacer punto la ayudaron a salir de la depresión en la que cayó tras la muerte de su hija, demostrando, una vez más, que las “quedadas”, a veces, terminan siendo “hermandades de la lana”.

¿Te apuntas? Aquí tienes algunas direcciones:

Patrones, diseños, consejos sobre materiales, lugares y fechas de “quedadas” y ferias específicas… Más información en www.delabores.com; www.guiaparatejerbien.com; puntoytejido.blogspot.com; www.portaldelabores.com. Y sobre los “guerrilleros ganchilleros”, en urbanknittingvlc.blogspot.com y urbanknittingbilbao.blogspot.com.

Fuente: Revista Mia - Texto: Eva Melús - Fotos: Ivo Rovira & Ana Ponce

 

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