Un nuevo concepto de tienda brota en las calles de Barcelona: los locales de manualidades que imparten talleres y venden kits exclusivos con herramientas y materiales, accesorios y sus propias creaciones, sean dibujos, flores de porcelana, collares o bordados. El éxito responde a la ilusión por hacer cosas fuera de serie, únicas y diferenciadas, y a la necesidad de concentrarse, de aprender técnicas, de desconectar de los problemas y de obtener la satisfacción de crear con las manos.
Los clientes son mayoritariamente mujeres de todas las edades, y muchos propietarios, empresarios que decidieron dar un giro radical a sus vidas e invertir sus ahorros en un negocio que les haga felices. También hay titulares extranjeros y personas que se quedaron en el paro. Este último es el caso de Irene Garrigó, quien al perder el trabajo en una multinacional se embarcó en abrir una franquicia de Fild'Or, mercerías que cuentan con un club de labores.
«Nada que ver con mi vida pasada, pero al quedarme en paro me cuestioné todo. Aposté por algo que me divertiera», explica Garrigó. Para ella, los talleres de bordados levantan la autoestima, ayudan a relajarse y favorecen las relaciones. Decidió abrir la tienda en la calle Santaló por la vida que le da el Mercat Galvany. «Por la mañana vienen a comprar, telas, hilos y agujas y por la tarde tenemos más petición para asistir a cursos, sobre todo el de patchwork».
Tradiciones / Fet a mà, nacida en el 2004, está situada en la calle de Tamarit 161, esquina con Comte Borrell, justo al lado de otro mercado, el de Sant Antoni, que ahora está en obras. Su especialidad son los monográficos de patchwork para regalos navideños. Dentro del sector de la confección, acaba de inaugurarse en pleno Raval Costura, una tiendecita impuldada por un grupo de madres que enseña a diseñar ropa para niños de 2 a 7 años. Las clases con máquinas de coser son el alma de este local de Doctor Dou, 4, que recupera las técnicas de confección tradicionales de las abuelas, incorporando la estética vintage.
Kirei, bello en japonés, es el nombre del nuevo espacio de la calle Aragó con Bailèn dedicado a la elaboración de flores de aspecto tan real que parecen creadas por la naturaleza. Con ellas, elaboran joyas y objetos de decoración que venden en la tienda. Aunque la principal actividad son los talleres en los que los alumnos aprenden técnicas de la porcelana nipona. Mònica Lapeña y la rusa Elena Litvinova eran compañeras en una compañía de análisis de mercado. «Crear estas flores era nuestro hobby. Vimos que en Barcelona no había nada y decidimos dejarlo todo para vivir haciendo algo que nos gusta », cuentan las propietarias.
La argentina Alejandra Rachkes acaba de abrir en la calle de Bailèn Mitte, un local que cuenta con galería de arte, tienda que cada mes cambia de disciplina, cafetería y habitaciones para conferencias y talleres. «Es un punto de encuentro, un lugar para sentirse bien».
Cristián Barro y María del Carmen Biccire intuyeron hace cuatro años que la plaza del Diamant de Gràcia era el sitio ideal para abrir el mismo tipo de tienda-taller que regentaban en Argentina. Por eso se llama Opció Diamant. «Cada vez hay más gente que quiere personalizar su ropa, la decoración de su casa o la bisutería que lleva», considera Barro, para quien la crisis ha provocado una positiva vuelta atrás a la hora de recuperar viejos oficios.
Fuente: elperiodico.com


























