El croché está (otra vez) de moda. El ganchillo ya no va unido a la imagen de la abuelita. Su práctica es hoy cada vez más solicitada por mujeres jóvenes y profesionales que buscan alguna actividad manual para desconectarse de las tensiones diarias. También se ha abierto un espacio en las pasarelas y talleres de los grandes de la moda, quienes han usado esta técnica en la confección de vestidos y accesorios.
Acaso alguien de poco más de veinte años se dedicaría a una actividad como esta? La respuesta es sí, porque esta manualidad que antes formaba parte de la educación que recibía toda mujer destinada a convertirse en la dueña de casa perfecta había quedado en el olvido, pero reflotó. Hoy es un pasatiempo 'cool' que practican personajes como las actrices Cameron Díaz e Hilary Swank y que, de cierta manera, se está transformando en una nueva tendencia, porque ya no se trata solo de fabricar pañitos y colchas. Las mujeres de hoy tejen para relajarse, para conocer gente, para ocupar la cabeza en otra cosa que no sean sus obligaciones. Tejen durante el almuerzo, en cumpleaños, en el metro y también lo hacen en talleres. Incluso, en Estados Unidos existen cafés de moda que ofrecen clases de croché y venden lanas e hilos. Los grandes diseñadores lo han incluido en sus últimas colecciones, y los artistas lo han incorporado en sus intervenciones urbanas.
Famoso es el caso de la estadounidense Magda Sayeg, quien llevó su pasión por tejer al nivel de arte, vistiendo el entorno urbano con su trabajo hecho a mano. Trasladó un material como la lana a lugares colmados de hormigón, cemento y metal, y forró, entre otras cosas, varias esculturas de las calles de París y el puente de Brooklyn. Así nació el movimiento "la guerrilla del croché", que reinventa el ganchillo de las abuelas, y ha llegado a varios países del mundo (China, Australia, Alemania, Suecia, Italia, Inglaterra y España) en donde grupos de mujeres decidieron intervenir el frío paisaje urbano llevando colorido y belleza a los faroles, árboles y bancos de las calles.
En Barcelona, la creadora del movimiento crochetero social, Alicia Roselló, forró en el año 2007 la letra C del cartel del Museo de Arte Contemporáneo. "No duró más de una hora, pero fue suficiente para ver cómo encantaba a los transeúntes y a la gente del barrio", dijo Roselló en una entrevista. A partir de entonces Alicia pasó a convocar a las masas para llevar las manualidades a todos los barrios de Barcelona.
En el mundo de la moda hace falta que un influyente diseñador utilice alguna prenda o género olvidado para que vuelva a ser furor. La vuelta del croché no ha sido una excepción. Karl Lagerfeld realizó íntegramente la colección de Chanel primavera-verano 2010 con este tejido. Chalecos, bolsos, zapatos, accesorios y hasta vestidos enteros tejidos a croché desfilaron por la pasarela parisina y volvieron a encantar a las mujeres del mundo que parecían haberlo olvidado. Oscar de la Renta mostró femeninos y elegantes minivestidos de croché en tonos crudos. Emilio Pucci no dudó en crear escotadas prendas con este tejido artesanal. También ha llegado a las grandes cadenas de ropa como H&M, Topshop, Zara y French Connection, que lo aplicaron en el vestuario de verano e invierno. Marcas como las de Stella McCartney, Yves Saint Laurent y Miu Miu ya lo han adoptado en muchas de sus prendas para la nueva temporada.
Crocheteras nacionales
Durante los últimos años, en una gran cantidad de talleres de tejido de la capital reapareció el croché. Algunas lo consideran una fuente de expresión y para otras es una excusa para reunirse en grupo y compartir experiencias.
Tiempo de Tejer es el nombre del taller que Carmen Gloria Domínguez creó hace tres años. Desde entonces no ha dejado de recibir nuevas alumnas. Sus clases se imparten de martes a jueves a grupos de unas diez personas. "Mis alumnas tienen entre 27 y 78 años. Hay una jueza, profesoras, dueñas de casa, enfermeras e ingenieras comerciales. Tengo un grupo que trabaja en bancos y aquí se relaja gratamente", explica. Según Carmen Gloria, hasta hace algunos años no existía mucho interés por el croché. "Sin embargo, hoy se puso de moda. Lo encuentras en las tiendas de vestuario, decoración y de ropa de casa. Se hacen desde chalecos, ropa de guagua, puf y pieceras hasta cubrecamas y abrigos", cuenta.
María Paz Confaglioneri, ingeniera comercial, experta en marketing, asiste a su taller desde hace dos años: "Siempre me han gustado las manualidades. He estado en clases de pintura, mosaico, cocina, policromía, jabones y ahora en croché. Lo encuentro creativo, entretenido y fácil. Con unos pocos puntos, colores e ingenio, una puede hacer cosas preciosas".
Carmen Gloria y sus alumnas trabajan plácidamente sentadas en el living de su casa en Las Condes. Cuando tejen, se inspiran en diseños de revistas especializadas, aunque generalmente recurren a la imaginación. "Cada una hace lo que quiere. No les impongo nada. Aquí la alumna se basa en revistas o en cosas que hago o simplemente inventan", explica. Las que recién empiezan lo hacen tejiendo un poncho. Luego aprenden a armar un chaleco y después a tejer ropa de cama. "Si no saben nada, comienzan haciendo una cadeneta larga para que se les suelte la mano y después una tira con punto alto. Si veo que tienen aptitud, les digo que hagan un ponchito. Si les cuesta, les pido que ensayen en la semana. En general, les hago la primera corrida, que es lo más difícil en croché". La Polo, como la llaman, dice que no cuesta nada enviciarse con el tejido: "Cuando ves en las revistas chalecos, pieceras y carteras, lo quieres hacer todo y a toda ahora. ¡Los maridos se atacan! Un día, una de mis alumnas me presentó al suyo y él le dijo: '¡Ella es la culpable!'. Yo siempre les aconsejo que en la cama tejan a croché y no con palillos, porque mueves un solo brazo y no los dos", y sonríe.
Otro curso que está causando furor entre las 'crocheteras' es el que realiza Margot Sepúlveda en el club Villa María Academy, llamado Tejido Actual y Para Todas. Partió recién este año y cada viernes, de 10 a 12 hrs., se reúne un grupo de mujeres en una casa ubicada en Vitacura. "Como en el colegio Villa María no había ninguna actividad relacionada con tejido, propuse la idea de crear este taller y tuve una excelente acogida. Cuando partí me dijeron que a lo más se inscribirían cinco alumnas y al final fuimos muchas más," explica Margot.
A su taller asisten en general dueñas de casa, aunque también hay una pintora y una corredora de propiedades. "Mucha gente joven que nunca había agarrado un croché, hoy se han hecho fanáticas de esta práctica. Es que es una verdadera terapia".
María Elisa Correa (27 años) es una de las alumnas más jóvenes de Margot. Diseñadora industrial y dueña de un taller de cerámica, cuenta que a pesar de haber intentado muchas veces tejer a croché, recién este año se decidió a aprender. "Cuando mi niñita entró al Villa María, para las campañas de invierno, les pedían cuadritos de lanas. Durante los tres primeros años entregué frazadas tejidas, sin embargo me dieron ganas de cambiar y hacerlas a croché. El ganchillo es muy variado y se puede aplicar en muchas cosas diferentes".
En sus clases, las alumnas comienzan haciendo un modelo de chaleco, que Margot, llama 'tonto': "Es uno en forma de 't' inversa, sin mangas y bastante suelto. Es una técnica muy sencilla de aprender, pero hay que tener mucho cuidado porque pueden salir cosas bastante siúticas que al mirarlas, tiritas. Por otro lado, puedes tener la lana más linda y el croché más fantástico pero si no te preocupas de las terminaciones el resultado puede ser fatal. Una debe ser muy prolija".
Fuente: Revista Mujer.


























