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Labores de aguja

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Labores de aguja Labores de aguja. Saber coser y tejer fue una virtud fundamental para las jóvenes casaderas. Larga es la relación entre la vida de muchas mujeres y las labores de aguja. Coser y tejer fue virtud fundamental por excelencia y se daba de forma unívoca lo de tanto coses, tanto vales.

En Oviedo hubo muchos talleres de bordado y a ellos, y a algunos conventos, iban las jóvenes casaderas a pasar la tarde sentadas detrás de un bastidor, dándole al bodoque y al punto de realce. Aquí, en la Corrada del Obispo, en el Servicio Doméstico, había taller de bordado, y en las Adoratrices, y en otros muchos sitios. Luego llegó el bordado a máquina y también había talleres en los que muchas mujeres remendaban su economía doméstica bordando festones mecánicos para otras. Gran parte de la virtud femenina estaba en los bordados y en las casas de algunas prometidas se organizaba exposición del ajuar, también llamado equipo de novia, y por muebles y paredes se exhibían las sábanas, manteles y otras piezas textiles que pregonaban el valor doméstico de la casadera.

Dentro de las labores de aguja ocupaban lugar principal las hechas con aguja de media, y más de gancho, que convertían los ovillos de hilo de diferentes grosores en puntillas, pañitos y colchas que invadían las casas de las hacendosas. Metros y metros de hilo, horas y horas de trabajo, miles de movimientos de muñeca, miles de miradas para contar puntos y vueltas. Aquello era un placer e incluso un vicio difícil de erradicar, cambiándolo, por ejemplo, por un libro. Bien está dedicar el tiempo, si se puede, a lo que se quiere, pero es evidente que están en baja las labores de aguja, y paralelamente están en baja las mercerías, así que muchas desaparecieron, con La Más Barata a la cabeza, la reina de las mercerías. Cuando cerró La Más Barata, nos parecía imposible vivir sin aquel gran mostrador y sin aquella infinita oferta de botones y miles de otros objetos, cada uno con su nombre. Las mercerías y su vocabulario riquísimo en el que también cabían los nombres de muchísimos tejidos están en trance de desaparición. El caso es que sobrevivimos sin La Más Barata, donde había interminable oferta de agujas de gancho, del 0 al infinito.

Todo esto viene a cuento porque acabo de ver un escaparate en la Silla del Rey, de una tienda de Reto, en el que se expone un montón de colchas de ganchillo, primorosas y representantes de un mundo ido, pues se me hace a mí que las manos que las hicieron ya no están. Puede que haya gente con el gusto de poner en su cama una colcha de ésas, siempre blancas, para decir a las visitas, ahora que no hay visitas, que es heredada de la abuela. Me dicen que no se venden bien, con precios entre los 90 y los 200 euros.

Junto con esta evidencia de tiempo pasado aparecen en Europa, como moda, labores en espacios públicos para cubrir verjas, farolas y otros objetos de mobiliario urbano con puntos de crochet de colores. Y la superdecoradora del momento, laureada y reconocida en todas partes, y ovetense, Patricia Urquiola Hidalgo, lleva años jugando con labores de aguja en sus creaciones.

Las vueltas que da la vida, desde las agujas.

Fuente: www.lne.es.


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