Lynn Zwerling, una mujer de Maryland, visita semanalmente la prisión para dar clases de punto a los hombres presos en el centro penitenciario de Maryland. Lynn asegura que tejer les provoca un efecto calmante, habla de tejer de la misma forma que otros hablan de yoga o correr largas distancias, asegura que cambia la vida y la mente. No importa la labor que se teja, ya sea un gorro, un jersey o una bufanda, es simplemente la manera en que te dejas transportar a través de los sonidos de las agujas cuando se encuentran, en el tacto de la lana y en los contínuos movimientos que se realizan mientras se teje.
Después de su jubilación Lynn empezó a tejer, formando un grupo de más de 500 miembros dentro de su comunidad evangelista y, ante todos ellos, anunció su intención de asistir a la cárcel para enseñar a los presos. Pensó que podía ejercer una buena influencia a la gente que lo necesitaba, trasladando las técnicas del punto a las habilidades vitales para la existencia humana, estableciendo unos objetivos, realizando un proyecto, ofrecer algo a alguien.
Desafiando todas las expectativas, el programa de Lynn Zwerling de las noches de los jueves se ha convertido, en dos años, en el club más exclusivo de la Unidad de la Cárcel de Maryland, habiendo lista de espera para entrar en él. Desde que el curso está en marcha, se han notado más bajos índices de violencia entre los hombres que tejen y, alguno de ellos asegura, que mientras tejen su mente está lejos de las paredes de la prisión.
En el aula de punto se establecen unas normas de comportamiento y lenguaje, incluso los mismos presos cuidan su aspecto para estas dos horas semanales de clase. Para algunos de ellos el comienzo fue duro, les parecía imposible de realizar, pero Lynn sólo les aconsejaba que se calmaran y relajaran y vieran como la lana se deslizaba entre sus dedos. Ahora ellos mismos son los encargados de tejer gorros para su uso individual o incluso para hacerlos llegar a los niños de una escuela en Baltimore. Ralph, uno de los alumnos presos de Lynn, afirma que mientras teje piensa en su hogar y asegura que, cuando salga de la prisión, no reincidirá, que sólo quiere quedarse en su casa, ver la televisión, sentarse en su sillón y tejer.
Fuente (adaptación): latimes.com.


























