Bordamos por la paz crece nombre a nombre

Viernes, 03 de Agosto de 2012 16:00 Sector de la mercería creativa y las manualidades - Prensa
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Familiares y amigos de personas desaparecidas y asesinadas en los últimos años encontraron una manera de expresar su dolor bordandoBordan sus nombres para recordarle al Gobierno que tienen un familiar muerto o desaparecido. Usan hilo rojo para los difuntos; el verde para aquellos de los que se desconoce su paradero. Todos sus seres queridos son víctimas de la violencia que se recrudeció en este sexenio. Los pañuelos bordados son cada vez más cotidianos en plazas públicas de Guadalajara, Monterrey, Ciudad Juárez o Morelos. O bien en Guatemala o Nicaragua.

Todos los jueves están frente al Palacio Municipal de Monterrey. Se les encuentra después de las 10 de la mañana. Quien las mire por primera vez podría pensar que estas mujeres sólo se reúnen para pasar el tiempo entre aros, hilos y telas. Pero no. Quien se acerque un poco más podrá observar los pañuelos bordados que cuelgan en el tendedero improvisado. Quien se atreva a detenerse y leer entenderá por qué estas mujeres llegan todos los jueves al quiosco Lucila Sabella. Sabrá por qué ellas bordan.

A un lado de esos pañuelos hay una manta grande, blanca, donde las letras en rojo y escritas en punto de cruz sintetizan lo que estas mujeres y varios jóvenes hacen en el quiosco: “Bordamos por la paz”. Hace unos meses, estas mujeres no se conocían. A sus hijos los secuestraron cuando salían de la universidad, cuando estaban de paseo, cuando caminaban por un parque o un día salieron a trabajar y no regresaron. Son madres de desaparecidos y se conocieron en los ministerios públicos, en grupos de derechos humanos o cuando llegó a Monterrey la marcha del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

“Queremos que no se olvide que hay desaparecidos, que mucha gente ha muerto. Que cualquiera que pase por aquí vea los pañuelos y se entere, que sepa lo que sucede”, dice Irma Leticia Hidalgo. A su hijo Roy Rivera lo secuestraron el 11 de enero de 2011. A Irma le hablaron por teléfono, le pidieron rescate. Ella pagó, pero ya no supo nada de su hijo. “Estaba por cumplir 19 años. Ahorita debe tener 20”.

Cuando bordamos es como si estuviéramos con ellos, como si los estuviéramos acompañando. Es un acompañamiento”, dice Irma sin dejar de bordar el pañuelo dedicado a otro desaparecido. Cuando estas mujeres comenzaron a bordar, se les unieron estudiantes universitarios, compañeros y amigos de sus hijos, así como otros habitantes de la Zona Metropolitana de Monterrey, Nuevo León, que, en los últimos años ha visto cómo los enfrentamientos, desapariciones, narcobloqueos, asesinatos, fosas clandestinas y atentados comenzaron a ser cotidianos.

Quienes bordan en Monterrey no son los únicos que hacen pañuelos para los desaparecidos y muertos durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa. En varias ciudades del país y el extranjero existen grupos que han tomado los aros, la tela y los hilos para unirse en un movimiento ciudadano bautizado como “Bordamos por la paz”. La idea de bordar pañuelos como un acto de protesta surgió entre los miembros del Colectivo Fuentes Rojas, un grupo de artistas plásticos que en el año 2011 tiñeron de rojo varias fuentes del país, entre ellas la Diana Cazadora, como una metáfora de la sangre que se ha derramado por la llamada “guerra contra el narcotráfico”.

Alfredo López Casanova, escultor y miembro del colectivo, explica que bordar los nombres de los asesinados y desaparecidos es un acto que busca “asumir el dolor de los otros en un objeto concreto y provocar la reflexión durante el bordado”. Con los bordados buscan construir un “gran memorial de agravios de este sexenio. Es una forma de dejar registrado, de manera física, tangible, lo que ha sucedido en este país”.

Fuente: informador.com.mx